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"... llega un día en la vida del adulto en que la memoria ya no será nunca inocente porque en ningún momento pueden desentenderse de la premonición de la ruina, y si aquel secreto y sereno anhelo de una armonía final se va desvaneciendo, será para que -sin necesidad de acontecimientos trágicos- ocupe su lugar la congoja de toda pérdida, la melancólica convicción de que toda la aventura fue inútil y sólo su futilidad reclama la exigencia de ser disimulada con decoro.". (Juan Benet) |